Hablar de Ribadesella es hablar de mar y de montaña. El concejo es uno de los destinos más cotizados cada verano. La belleza de sus playas y su entorno privilegiado hacen de la villa un destino rural por excelencia. El municipio se encuentra flanqueado por el mar Cantábrico, el río Sella y los Picos de Europa, un hecho que lo convierten en destino apto para todo tipo de viajeros, desde los que buscan la tranquilidad y el descanso del entorno rural a quienes apuestan por el turismo de aventura.

El Descenso Internacional del Sella ha dado a conocer Ribadesella y Asturias al mundo. La conocida popularmente como la fiesta de Les Piragües es uno de los eventos más multitudinarios y esperados del verano, motivo por el cual fue declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional. Este año su celebración no será posible debido a la actual crisis sanitaria provocada por la pandemia de la Covid-19. Lo que sí es posible es vivir en primera personas la experiencia del descenso alquilando una piragua y recorriendo -a tu ritmo, sin las prisas de la competición- los 15 kilómetros que separan el puente de Les Arriondes de Ribadesella.

Las piraguas forman parte del paisaje de la desembocadura del rio Sella. / Pixabay

Las playas son otra de las grandes bazas de Ribadesella para la temporada estival. La Atalaya, Vega, Cuerres, Arra y, por supuesto, la de Santa Marina. Este arenal es el más conocido del concejo por su ubicación privilegiada situación en la desembocadura del río Sella. Destaca por su arena es dorada y fina y una forma que simula una concha perfecta. Un pequeño paraíso que completan las elegantes casas de indianos, como se conoce a los asturianos que regresaron tras hacer fortuna en las Américas. El barrio residencial del Arenal fue impulsado por la Marquesa de Argüelles y trazado por Darío de Regoyos Molenillo a principios del siglo XX. Alineado con el paseo marítimo conforma uno de los conjuntos arquitectónicos más bellos del territorio asturiano.

Las casonas de indianos bordean la playa de Santa Marina. / Pixabay

Pero Ribadesella es mucho más que playas. Su escarpada costa ha sido testigo de la historia durante cientos de miles de años. No en vano en el concejo aún se conservan restos del paso de los dinosaurios por el litoral asturiano. El yacimiento jurásico de los Acantilados de Tereñes esconde diversas icnitas de dinosaurio. Entre todas ellas, destacan cuatro rastros paralelos de ornitópodos, uno de terópodo y otro muy espectacular de estegosaurio, en el que están representadas las huellas de manos y pies. Un patrimonio natural concentrado en unos 400 metros de pedrero de fácil acceso. Una excursión especialmente recomendada si viajas en familia.

Visita obligada merece la cueva de Tito Bustillo. Descubierta en 1968 por el grupo de espeleología Torreblanca, conserva pinturas prehistóricas datadas entre el 33.000 hasta el 10.000 a. C. Está considerada considerada uno de los mejores ejemplos de arte rupestre paleolítico de Asturias y uno de los yacimientos más completos de toda la Cornisa Cantábrica, motivo por el cual fue declarada Patrimonio de la Humanidad en julio de 2008. La visita comienza en el Centro de Arte Rupestre Tito Bustillo donde se profundiza en el descubrimiento de la cueva, quiénes la habitaron o cómo son las muestras de arte rupestre que conserva en su interior.

Pinturas en la cueva de Tito Bustillo.

El Centro es también el punto de inicio de la visita a la Cuevona de Ardines, una una inmensa cúpula geológica que forma parte del sistema de galerías del Macizo de Ardines. En su sala principal el techo alcanza los 40 metros de altura. Un boquete natural permite el paso de la luz diurna. Un marco incomparable que sirve cada verano de escenario de un ciclo de conciertos de música de cámara.

Merece la pena la visita a la Cuevona de Cueves. Se trata de una espectacular cavidad natural cuya particularidad es la de servir como única vía de comunicación con el exterior de este pequeño pueblo situado entre el río y la montaña. La carretera discurre por su interior como si de un túnel se tratara. La calzada atraviesa la cavidad acompañada en su recorrido por un pequeño arroyo. Del otro lado, la encantadora aldea de Cueves, un pueblo típico asturiano con una importante concentración de hórreos. Un conjunto que deja al visitante atónito frente a la espectacularidad de las formaciones que va contemplando.